Me fallé, pero ahora me perdono…

"Cada vez que volteo al pasado, revivo las heridas causadas por tantas decepciones, veo las cicatrices que me enseñaron que no todo es perfecto."...

Me fallé, pero ahora me perdono…

Cada vez que volteo al pasado, revivo las heridas causadas por tantas decepciones, veo las cicatrices que me enseñaron que no todo es perfecto.

Me hice tanto daño creyendo en palabras que no venían acompañadas de hechos, me herí por confiar en promesas que nunca se cumplieron, decepciones que no esperaba e ilusiones ilusas pintadas en las nubes que se desvanecían en un abrir y cerrar de ojos.

Me lastimé cuando le entregué mi corazón a quien no supo valorar, me lastimé una y mil veces cuando cerré los ojos besando al amor equivocado.

Me fallé, antes que a nadie, me fallé a mí por esperar demasiado de quienes no estaban dispuestos a entregarse con la misma pasión que yo.

Me fallé cuando no perdoné a quien lo merecía y cuando juzgué a quien no debí.

Me fallé cuando perdoné a todos menos a mí; necesito perdonarme, necesito disculparme por tantas lágrimas innecesarias, por tantos recuerdos sin sentido, por tanta inseguridad en simplezas.

Me fallé cuando dejé de seguir mis sueños estancándolos con cosas negativas, cuando dejé de luchar y creer en lo que valía la pena.

Necesito perdonarme por lastimarme cuando me veo al espejo y no me acepto, cuando me reprocho por tonterías y no acepto mis defectos.

Necesito reconciliarme con mi pasado para que mi presente no sea estropeado, necesito aceptar lo que ya no puedo cambiar y hacer frente aquello que me reta a mejorar.

Me fallé y lo acepto, cobardemente huí de lo que sentía, de lo que dolía, de lo que realmente quería y me aferré a lo que ya no existía; me fallé cuando me caí y pensé que quedarme ahí estaba bien.

Sin embargo, después de tanto tiempo viviendo conmigo, entendí que cada día tengo una oportunidad de reconciliarme, de perdonarme, de mejorar, de levantarme, de aprender, de enseñar, de ser yo de nuevo, de no entregarme de más para que no me traten como menos.

Cada día tengo la oportunidad de ser lo que soy, lo que puedo cambiar y no, que puedo seguir soñando y alcanzar lo que me proponga, que no hay nadie ni nada que pueda detenerme en el andar que Dios ha trazado en mi vida; que tengo la opción de no aceptar todo lo que me rodea y que puedo reivindicar el camino hacia lo que quiero conquistar.

Me fallé, pero me perdono… Porque durante este proceso entendí que no estoy sola y aun cuando me falte todo el mundo…

Al final del camino Dios y YO estaremos juntos.

 

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