Las personas distraídas son las más inteligentes.

El nivel de distracción de una persona está directamente vinculado con su nivel de inteligencia, de manera que a mayor inteligencia, mayores momentos de distracción sufre la persona durante el día.

Las personas distraídas son las más inteligentes.

Un reciente estudio elaborado por la compañía estadounidense Steelcase en casi una veintena de países revela que las personas inteligentes se distraen más que los demás.  La investigación indica que quienes demuestran altos grados de conocimientos, tienden a perder la concentración y se les dificulta priorizar sus labores, tanto en sus hogares como en sus lugares de trabajo.

El estudio, que cruza una serie de variables, determina que las personas que son más distraídas y tienen dificultades para priorizar las tareas durante el día son aquellas que, al contrario de lo que podría pensarse, son más inteligentes.

La paradoja es que  quienes más saben no tienen garantizado su trabajo y –quizás- la paciencia de los demás en sus casas, ya que se les hace difícil responder en el modo establecido comúnmente.

El psiquiatra Ned Hallowell, quien encabeza el estudio, explica que las personas inteligentes “tienden a tener una mayor cantidad de ideas durante el día, las que requieren atención para ser analizadas y realizadas o resueltas, pero que no alcanzan a ser adecuadamente priorizadas, por lo que saltan de una a otra a lo largo del día”. 

El tema es complejo: el nivel de distracción de una persona está directamente vinculado con su nivel de inteligencia, de manera que a mayor inteligencia, mayores momentos de distracción sufre la persona durante el día.

El experto reconoce que el cuadro puede hacer que el  inteligente parezca más un incompetente que un ser brillante. “El tema de fondo es que a este tipo de personas se les debe dar un poco más de tiempo para terminar sus labores o compromisos”, dice Hallowell.

Para desarrollar una dinámica que facilite la concentración, algunos libros concuerdan en proponer estos consejos:

  1. Mantenerse hidratado.
  2. Realizar primero el trabajo más complicado.
  3. Realizar ejercicios de gimnasia cerebral.
  4. No preocuparse si el escritorio está desarreglado, un escritorio desordenado puede ayudar a que la creatividad fluya.
  5. Sumar el pescado en la dieta semanal.

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